| Por:
Pbro. Alberto S. Miranda |
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No
se han podido encontrar datos muy claros ni precisos
sobre noticias seguras del primer templo que se levantara
en honor a la Virgen del Valle, en la nueva cuidad de
San Fernando del Valle de Catamarca (1683-1684). Sin
embargo, se puede tener la certeza de que se edificó
uno, por las alusiones hechas a sus ruinas por los años
1700 en adelante, en diversos documentos consultados.
De
esa Documentación surge que sólo había quedado en pie
la sacristía, donde con gran incomodidad se tributaba
culto a la Patrona. Al parecer, la Santa Imagen estuvo
en esa sacristía varios años, pues provisoriamente se
erigió un altar cuya descripción encontrada en un inventario
de 1738, hace la siguiente relación: "Un retablo del
altar mayor con sus pilares y pintado de colores y en
medio un nicho dorado que sirve a Nuestra Señora de
la Concepción -léase, Nuestra Señora del Valle- y más
arriba otro nicho de nuestro glorioso padre San Pedro,
con su bulto, con su cortina de turbión blanquecino
y vestida dicha imagen de nuestro Padre con su capa
de paño pardo forrado de tafetán carmesí y a los lados
una imagen de la Concepción; y contra el nicho de "Nuestra
Señora", una cruz de palo con su crucifijo pintado y
su peana".
Allá
por 1734, el Obispo de la Jurisdicción que ya estaba
con sede en Córdoba, pero por esos días se encontraba
en la ciudad de Tucumán, designó una comisión para le
recolección de fondos que se destinarían a la construcción
de la Iglesia Matriz de Catamarca. Este edificio se
levantó con material cocido y sobre un plano de tres
naves, cuya ejecución llevó varios años. El Cabildo
de la Ciudad tuvo que reunirse en más de una oportunidad
para urgir la obra y procurar lo necesario para esta
trabajosa construcción. Recién a fines de 1744 se la
pudo dar por terminada. El flamante edificio fue inaugurado
entre los meses de octubre y diciembre de aquel año
con espontáneo gozo y en un marco de gran solemnidad.
Se llevaría en procesión la Sagrada Imagen con renovadas
muestras de afectuosa devoción.
Las
Autoridades civiles pusieron gran empeño para que la
ceremonia revistiera un brillo particular; los Alcaldes
Ordinarios fueron los responsables de que la fiesta
fuera completa.
En
aquel día se hizo cerrar completamente el solar que
ocupaba la plaza. Cuando finalizó la ceremonia religiosa
y se puso a buen resguardo la concurrencia, se llevó
a cabo una gran corrida de toros, "con la consiguiente
algazara y contentamiento" de los numeroso fieles reunidos
para aquellas solemnidades.
Por
los resultados, aquella construcción no fue bien realizada
pues acusó graves fallas, tanto que ya por 1754 se habían
quebrado tres tijeras sobre el altar mayor, mientras
otras muchas adolecían de averías menores, que sin embargo
hacían peligrar la seguridad de los que se reunían bajo
aquel techo.
Por
lo demás es lógico reconocer que la existencia de aquellos
templos resultase precaria por cuanto no se disponía
de los medios aptos para levantarlos y asegurarlos.
Debe recordarse que eran construidos, mediante sólo
el esfuerzo pecuniario y la mano de obra y hasta a veces
dirección de los vecinos del lugar. Se compraba y trabajaba
con las limosnas de los feligreses; y por no ser las
mismas suficientes, debido a la pobreza general de la
Colonia no se podían conseguir buenos materiales de
construcción ni menos conseguir o contratar constructores
más hábiles y especializados en obras de esta magnitud.
A
pesar de todo esto, aquella segunda Iglesia Matriz de
Catamarca, cuarto templo erigido en honor de la Santísima
Virgen en todo el Valle, aguantó mas de un siglo. Luego,
con gran estrépito y pánico de los presentes se derrumbó
el sábado seis de diciembre de 1862, muy poco después
de haber concluido la celebración de la llamada "Misa
de la Virgen" con gran asistencia de fieles. No hubo
que lamentar pérdidas humanas.
Es
de advertir que el desplome no se produjo sólo por fallas
de construcción, sino también por haberse comenzado
la demolición con el fin de iniciar la obra de la actual
Catedral Basílica, de cuya construcción se tratará detalladamente
mas adelante.
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