| Por:
Pbro. Alberto S. Miranda |
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El
suceso extraordinario de la Imagen volvía a su gruta,
sin poderse dar explicación satisfactoria de cómo ocurría,
comenzó a despertar lógica atención y a reunir gran
cantidad de personas en la casa del colono vizcaíno
que no solamente oraban, sino preguntaban de continuo
sobre lo que estaba ocurriendo. ¿Qué misterio habría
en este acontecer maravilloso?.
Se
comentaba también por entonces al portento, ya que no
tenía explicación posible, del incendio extinguido en
el depósito de algodón.
En
todas "Las Chacras" y en el Valle entero, se despertó
un ferviente y filial entusiasmo que muy pronto fue
conquistando incluso a los mas indiferentes en materia
religiosa. De este modo en la humilde casa de Salazar,
la modesta Imagen de la Virgen comenzó a transformarse
en centro obligado de un auténtico culto mariano. Con
seguridad faltaba la pompa de los nuestros, pero su
falta era suplida con creces por la sincera devoción.
Es
lógico pensar que, al ver Salazar y los demás vecinos
el auge que iba tomando esta devoción mariana comprendieran
que debían dar solución al problema del espacio para
las reuniones de culto privado que se realizaban ya
con frecuencia. A esta Reina Madre le hacía falta un
lugar más amplio y un trono más adecuado al reinado
espiritual que comenzaba a extenderse por la región
en muchas leguas a la redonda.
De
este modo, nació entre los españoles y en la extensión
de los amplios valles y en las altas montañas del Norte
Argentino, la devoción a quien luego sería llamada cariñosamente
y con filial confianza: "NUESTRA SEÑORA DEL VALLE" o
simplemente La Virgen del Valle.
Según
la declaración del testigo Juan Cisternas, en la ya
mencionada Declaración Jurada de sus prodigios, levantada
en 1764, quien expuso a la avanzada edad de 90 años,
puede consignarse que: "Viéndola hacer tantos prodigios,
le edificaron una capilla, que por la tradición antigua
fue donde hoy (1764) están las paredes de la Iglesia
Matriz de dicho Valle, en la parte del poniente a poca
distancia y en que hoy corre el río (del Valle) que
ha muchos años se la llevó".
Esta
primera iglesia de que tenemos noticias, levantada en
honor y para rendir culto a la Imagen de Nuestra Señora
del Valle de Catamarca, sin lugar a dudas no sería de
mayores dimensiones que la antigua Capilla que en su
tiempo se levantara en Choya.
En
la edificación de la primera iglesia dedicada a la Imagen
de la Santísima Virgen María, se tiene la seguridad
del aporte importante de los más adinerados como Pedro
de Maidana, Nuño Rodríguez Beltrán, para no mencionar
sino estos dos ricos estancieros de aquellas encomiendas,
también como ahora se advertía el valioso y sacrificado
esfuerzo de los pobres de la comunidad, que llegaban
con su trabajo de peones y también de albañiles. Todos
los a conocidos es esta historia colaborarían decididos
y entusiastas, contándose entre ellos al mismo Don Manuel
de Salazar, a sus vecinos y amigos, Mateo de Acuña,
Baltazar de Orellana, a los hermanos Pérez de Hoyo.
Como así también por su actuación en otros sucesos de
bien público, se contaría con la colaboración de Don
Francisco de Salamanca, Francisco Díaz, Gregorio Varela,
Francisco de Narváez de San Martín y el trabajo empeñoso
de numerosos indios. Estaría también en la obra Juan
Domínguez, carpintero de profesión y que por su bondad
y habilidad en diferentes trabajos, era por 1628 un
personaje que gozaba de gran aprecio en todo el vecindario.
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