| Por:
Pbro. Alberto S. Miranda |
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Se
dice desde un comienzo: no hay ningún dato preciso para
asegurar cual sea el origen de la Imagen o como llego
a la gruta choyana.
Y
así, bien se podría repetir una atinada exclamación
de un talentoso historiador de la Virgen del Valle:
"Esto nomás, constituye ya un autentico prodigio".
Como
en materia de suposiciones, puede tener mas valor lo
supuesto en tiempos cercanos a los hechos, recordemos
al historiador mas versado en el asunto: "Que la Imagen
perteneciera a un indio de Choya, es posible pero muy
improbable. Era prenda relativamente valiosa para que
pudiera adquirirla ninguno de ellos. Robada, menos aun,
en el Valle no se habían producido hasta entonces alzamientos
ni saqueos. En cambio Choya tenia Iglesia, la única
de esos contornos. La capilla tendría seguramente su
Imagen de la Virgen, pequeña y modesta y así era cabalmente
la estatua de Nuestra Señora del Valle que se encontró
en poder de los indios de Choya. La idea de que fuera
la misma de la capilla viene por si sola.
Mas,
¿cómo estaba en la gruta? ¿por qué la capilla hubiera
sufrido algún grave desperfecto?. Quizá preludiando
su maravillosa historia, Nuestra Señora habría otorgado
cualquier extraordinario favor a sus humildes devoto,
y con su ingénita y a menudo pueril suspicacia de su
raza, tratarían ellos de ponerla a cubierto de la codicia
de los extraños, no faltan casos similares en la historia
americana.
Pero
es posible otra suposición de índole bien distinta,
porque todo cabe tratándose de recientes cristianos,
impregnados de supersticiones seculares. Eso, entre
otras cosas, contiene un pequeño libro del muy autorizado
jesuita P. Arriaga, impreso en Lima en 1621, sobre las
practicas que todavía usaban los indios del Perú aunque
convertidos desde hacia ochenta años: Ha llegado a tanto
este atrevimiento de los indios, que aconteció en las
Fiestas de Corpus, poner una Huaca Pequeña (un idolillo)
en la misma anda al pie de la custodia del Santísimo
Sacramento muy disimuladamente. Como también se averiguo
en Huarochiri -continua la cita- que para adorar un
símbolo en figura de mujer, llamado Mamayoc, hacían
fiestas a una imagen de Nuestra Señora de la Asunción:
y para adorar un ídolo varón llamado Huayhuay, festejaban
un "Ecce Homo".
En
1941, en se "Reseña Histórica de Nuestra Señora del
Valle" escrita en colaboración con el Pbro. Ramón Rosa
Olmos, el jurisconsulto catamarqueño Dr. Mauricio Herrera
escribe con belleza: "Mucho se escribió sobre la materia
en que esta hecha, sobre sus rasgos fisonómicos, su
posible modelado por algún ingeniero de la colonia.
Ello no explica, empero, el hecho de su simple encuentro.
De esto nada se sabe. Es por eso que decimos que este
define su primer y mas grande prodigio. No afirmamos,
por cierto que a la manera de Lourdes, importe una realización
sobrenatural.
Sea
lo que fuere en el orden del tiempo y de lo sobrenatural,
con respecto al misterioso origen de esa Imagen de Nuestra
Señora del Valle, para sus hijos catamarqueños, Ella
quiso estar y ser encontrada en la escondida gruta de
Choya, con una finalidad determinada y precisa. Desde
entonces fue la luz y la felicidad de innumerables hijos
de Dios a quienes no interesa su procedencia, ni las
suposiciones sobre su historia. La sienten y conocen
como Madre en las angustias, como un Tesoro de incalculable
valor en la pobreza, como un Faro de Luz en el camino
de la vida.
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