| Por:
Pbro. Alberto S. Miranda |
|
Antes
del relato de lo que precedió y aconteció con motivo
de la Coronación de la Imagen de Nuestra Señora del
Valle, acontecimiento ocurrido en 1891, convendría recordar
algo sobre el origen y significado de este magnífico
simbolismo en la devoción mariana de la Iglesia Católica.
Allá,
entre 1628 y 1630, gobernando desde el solio Pontificio
el Papa Barberini, con el nombre de Urbano VIII y reinando
Carlos 1° en Francia, había encrudecido en Europa la
campaña antimariana. En gran parte del Viejo Mundo,
luteranos y calvinistas, herederos de iconoclastas y
albigenses, en su violento proceder, estorbaban sistemáticamente
el Culto a la Santísima Virgen María llegando con frecuencia
a la destrucción de Imágenes Sagradas.
Como
ocurre por lo general en estos casos, en vez de menguar
el culto a María Virgen se robusteció inesperadamente
y surgieron en el seno de la Iglesia, doctos y valientes
defensores de la devoción mariana con su práctica ya
tan arraigada en el catolicismo.
FRAY
GERONIMO DE FORLI
Entre
los predicadores más decididos se contaba por aquel
entonces Fray Gerónimo de Forli; más tarde, apodado
por sus contemporáneos italianos como el "Apóstol de
Madonna".Fue
en 1630, cuando este benemérito franciscano se encontraba
en la ciudad de Parma. Por entonces se realizaban en
aquella histórica urbe bulliciosas reuniones en que
los protestantes injuriaban a María Madre Virgen, a
la par que negaban agriamente su divina Maternidad y
las otras prerrogativas que la exaltan como la más perfecta
de las criaturas.
Fue
en aquella oportunidad en que este virtuoso hijo de
San Francisco de Asís, juró consagrarse al culto de
María Virgen con una dedicación especial. Pocos días
después los católicos de Parma organizaron, como desagravio,
una solemne ceremonia a la que concurrió gran cantidad
de fieles devotos de María Santísima. Fray Gerónimo
de Forli, pronunció allí una vibrante alocución que
promovió un gran entusiasmo en la muchedumbre. A sugerencia
del mismo orador aclamaron unánimemente a la Santísima
Virgen María, con el título de Soberana de Parma, jurándola
al mismo tiempo como su perpetua Reina.
Días
después e este acontecimiento y para cumplir lo jurado,
se llevó a cabo en la misma ciudad una Asamblea popular
de la que por su magnitud, orden y solemnidad los parmesanos
guardaron memoria por muchos años mientras decían que
no se había visto otra igual. Allí, el Obispo Diocesano
y el Duque, colocaron una corona de oro en la cabeza
de la Imagen de la Virgen Santísima declarándola "Soberana
de Parma".
Fue
la primera Imagen de María Virgen Coronada y ocurrió
en la Ciudad italiana de PARMA, ahora capital de su
Provincia de la Emilia Romagna; en 1630 cuando en nuestras
tierras calchaquinas comenzaba a extenderse el culto
a la misma Santísima Virgen María, pero aquí, bajo la
advocación de Nuestra Señora del Valle.
|