| Por:
Pbro. Alberto S. Miranda |
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La
Madre Santísima del Valle fue jurada Patrona, y este
solemne acontecimiento celebrado por sus hijos con verdadero
regocijo, se repitió hasta el presente en seis oportunidades.
PRIMER
JURAMENTO
La
primera vez parece haberse llevado a cabo esta fausta
y trascendental ceremonia, allá por el año 1657, después
que los españoles constataron la singular protección
que ejercía sobre ellos la Virgen Santísima en sus luchas
con los indios rebeldes. Según la narración de Don Diego
de Guzmán, se habría verificado por el año ya mencionado
y en presencia del Gobernador Mercado y Villacorta.
Esta
primera jura se hizo bajo la prerrogativa y advocación
de la "Pura y Limpia Concepción" como era más conocida
hasta entonces, y se llevó a cabo entre los pobladores
de los solares que hoy forman el Departamento de Valle
Viejo y tuvo el hecho un carácter parroquial. Era aun
Cura Párroco de los naturales, y que fuera el primero,
el Licenciado Don Cristóbal de Burgos que sin duda actuó
en el acontecimiento juntamente con el sacerdote paraguayo
Maestro Juan de Aquino que figuraba como "Cura y Vicario
Juez" (para los españoles, se entiende).
SEGUNDO
JURAMENTO
Luego
que se hubo traslado la Ciudad Capital a su nueva ubicación
se reconoció como Patrono Titular a San Juan Bautista
a quien dedicaron las fiestas oficiales. Con lo que
quedo en claro el asunto del Patronazgo. Por lo que
se resolvió jurar de nuevo a Nuestra Señora del Valle
como Patrona, no solo ya, en el orden Parroquial que
hubiera sido, de la Ciudad de San Fernando, sino de
toda la Provincia de Catamarca y lo fue en el año 1688.
Al
terminar el novenario en honor de la Santísima Virgen,
comenzando invariablemente el día ocho de diciembre,
se procedía a "elegir los nuevo Mayordomos" para las
festividades del año siguiente. Y así fue que aquel
18 de diciembre de 1688, reunido el cabildo (civil)
con representantes de la ciudad y la provincia -luego
de cumplida la elección prevista- por pedido del Cura,
Don Luis de Medina y con la presencia de Alcaldes. Alguaciles
y Regidores, se procedió a jurar a la Madre del Valle
como Patrona de la Ciudad y Provincia de Catamarca
TERCER
JURAMENTO
Doscientos
años después, luego de un solemne triduo preparatorio,
con que se prepara cuidadosamente un nuevo juramento,
se lo realiza reafirmando y en conmemoración de aquél
de 1688. Fue también en el último día de las festividades
marianas celebradas en 1888, un 18 de diciembre.
Era
entonces Sumo Pontífice en la Santa Iglesia Católica
León XIII, Papa que iniciaba (1878-1903) una nueva era
entre los convocados del Señor; mientras como Presidente
de los argentinos gobernaba Juárez Celman y en Catamarca
Don José Dulce, quien estuvo presente en aquella solemne
ceremonia, presidida por Monseñor Pablo Padilla y Bárcena.
Todos
los participantes de aquel significativo acto se reunieron
en el atrio de la entonces Iglesia Matriz, donde habían
mandando construir un entarimado especial. Después de
un brillante discurso alusivo al acontecimiento, el
Prelado y todos los presentes, juraron con la siguiente
fórmula leída por el canónigo Don Reinero J. Lugones
: "Nosotros, los miembros de la Comisión Central, en
representación del Curato de esta Capital, para renovar
el juramento que hicieron nuestros antepasados en honor
a la Santísima Virgen del Valle, el dieciocho de diciembre
de mil seiscientos ochenta y ocho, y los Delegados de
los otros Curatos de la Provincia, para jurar tomándola
por especial Patrona y Abogada en cumplimiento de nuestra
comisión y en nombre de los departamentos que representados
y en el nuestro propio JURAMOS POR PATRONA DE ESTA CIUDAD
Y PROVINCIA DE CATAMARCA, para ante Dios y Nuestro Señor
a la Santísima Virgen María, Madre de Dios en su Concepción
Inmaculada bajo el título de VIRGEN DEL VALLE, pidiendo
para nosotros y para nuestros hijos y descendientes
su protección soberana y su omnipotente intercesión,
prometiendo cumplir para con Ella. Dios nos ayuda y
esos Santos Evangelios de Dios. Amén".
CUARTO
JURAMENTO
Sobre
el cuarto Juramento ratificatorio de su Patronato sobre
Catamarca y ahora también para las Provincias de Tucumán
y Santiago del Estero, diremos que se llevó a cabo el
17 de diciembre de 1904. Presidió nuevamente esta cuarta
ceremonia el ya Obispo Diocesano de Tucumán, Mons. Pablo
Padilla y Bárcena, a cuya jurisdicción pertenecía la
actual Diócesis de Catamarca. Estaba presente el Vice
Gobernado de la Provincia en ejercicio del Poder Ejecutivo
Don Dermidio Narváez y le acompañaban los representantes
de los Gobiernos Tucumano y Santiagueño, cuyas provincias
también la Juraban Patrona. Se registró la presencia
de numerosos Curas Párrocos y una crecida y enfervorizada
concurrencia en que se contaban peregrinos y fieles
devotos de la Virgen venidos de todos los puntos de
la República.
QUINTO
JURAMENTO
La
quinta vez que se renovó aquel de 1688 fue el 4 de mayo
de 1941, en un marco de proporciones apoteósicas, en
el lugar denominado "Paseo General Navarro" o "La Alameda",
con motivo de las áureas conmemoraciones de la Coronación
de la Portentosa Imagen de Nuestra Señora del Valle.
Estaban
presentes los Gobernadores de Tucumán y Santiago del
Estero. Y en esta oportunidad, envió también su representante
el Gobernador de Santa Fe.
Luego
de la brillante alocución e circunstancias que estuvo
a cargo del gran orador argentino Mons. Dr. Nicolás
Fassolino, se realizó la ceremonia del ya histórico
juramento.
Presidió
el acto con su humildad y sencillez características,
el Obispo que regía la Diócesis de Catamarca erigida
canónicamente el 5 de febrero de 1910, Mons. Dr. CARLOS
FRANCISCO HANLON. Este Prelado, de santa y bendecida
memoria, quemó muchas horas de su vida en el afán preparatorio
de lo que resultó tan extraordinaria como multitudinaria
ceremonia bajo una persistente lluvia que en ningún
momento pudo restar solemnidad ni orden al grandioso
espectáculo vitalizado por millares de concurrentes.
SEXTO
JURAMENTO
Para
el sexto Juramento a Nuestra Madre del Valle como Patrona
de esta región, nos remitiremos a la bien cortada pluma
del Pbro. Don Angel Custodio Oviedo, que siendo Director
del Organo del Santuario de Nuestra Señora del Valle,
la REVISTA STELLA, crónica el fausto acontecimiento
mariano. Allí escribe: "Por sexta vez, los representantes
de las provincias de Catamarca, Tucumán y Santiago del
Estero, renuevan el juramento de Patronato de la Santísima
Virgen del Valle sobre toda la región del Antiguo Tucumán.
Lo que se efectúa solemnemente después de la procesión
de las BODAS DE DIAMANTE DE LA CORONACION, el 1ro. De
Mayo de 1966".
Al
describir el grandioso escenario anota: "En el gran
tarimado frente a la Catedral Basílica, toman ubicación
las Autoridades Civiles, Eclesiásticas y Militares.
Es el momento de renovar el Juramento que, en diversas
oportunidades, hicieran nuestros antepasados. El acto
adquiere una extraordinaria solemnidad, cuando en medio
de un silencio expectante el Prelado Diocesano, Mons.
Pedro Alfonso Torres Farías (quien también preside la
ceremonia), va leyendo con vos llena y piadosa, amplificada
en poderosos altavoces (sobre la ciudad y radiotelefonía):
"Nosotros, los Mandatarios Civiles, Obispos Diocesanos
de las Provincias de Catamarca, Tucumán y Santiago del
Estero, Curas Párrocos y demás representantes, en nuestro
nombre y en el de nuestros comitantes, JURAMOS solemnemente
una vez más ante Dios y ante los hombres, al VIRGEN
DEL VALLE, por Nuestra maternal y celestial ABOGADA,
proclamando públicamente que Ella ha sido y será siempre
nuestra gloria, la alegría y honra de nuestros pueblos,
el eficaz pararrayos de la cólera divina y el misterioso
canal de todas sus gracias y bendiciones. Así juramos,
con el favor de Dios y sus Santos Evangelios".
La
demostración de júbilo de los 80.000 asistentes al acto
resulta indescriptible con el fondo de marchas triunfales
y repetidas ovaciones.
Bien
se puede decir que día a día se renueva en el corazón
de cada catamarqueño y cristiano norteño este dulce
y reconfortante juramento de ser hijos incondicionalmente
humildes y agradecidos. Pues su gran manto de Madre
cubre la Ciudad, la Provincia y todo el Norte Argentino
con una verdadera lluvia de bendiciones.
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