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DE LOS MILAGROS OBRADOS POR DIOS NUESTRO SEÑOR, ANTE
LA MATERNAL INTERCESION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA
EN SU HISTORICA Y PORTENTOSA ADVOCACION DE VIRGEN DEL
VALLE DE CATAMARCA
autoridades
civiles y eclesiásticas en abril del año 1764 en la
que declararon 50 testigos,
SALVA
AL PUEBLO DE POLCOS
Un
día del año 1632 en que numerosas tribus indias se encontraban
guerreando con los españoles, un numeroso grupo de estos
aborígenes alzados, intentaron atacar y exterminar la
población de Polcos, hoy Valle Viejo, donde estaba la
Imagen. Sabiendo estos naturales que allí no se tenia
defensa alguna, con gran gritería se lanzaron al saqueo
atravesando el río. Mas, llegando a la barranca
vieron sobre ella y luego por los aires la Imagen de
esta Soberana Señora que infundió en sus espíritus un
verdadero pánico. Como si ello fuera poco, de sereno
que estaba el tiempo, se tornó súbitamente borrascoso
y comenzó a soplar un formidable huracán que los envolvió
en tierra y arena al tiempo que de la Imagen salían
hacia ellos como llamas de fuego lo que los obligó a
emprender desesperada retirada. Algún tiempo después,
los mismos indios relataron lo que les había ocurrido.
AMPARA
A LOS ESPAÑOLES EN LOS CAMPOS DE BATALLA
Conforme
a la declaración jurada en 1764 del viejo indio Lorenzo
de Saujil de más de 100 años y nieto del cacique del
mismo nombre de quién había oído el relato, decía que
"estaba ocurriendo un desigual combate en los años del
Gran Alzamiento (1630-1636) entre españoles e indios
sublevados... peleaba un español, ante cien indios...
por lo que ya estaban a punto de ser exterminados y
el desastre aparecía en todos los sectores, cuando inesperadamente
los españoles oyeron un espantoso clamor que decía de
un verdadero espanto en las filas enemigas. Y el asombro
de los guerreros hispánicos llegó a su límite cuando
les vieron volver las espaldas y emprender una fuga
en caótico desorden en la que se destruian ellos mismos.
Sólo se había levantado un inesperado vendaval.
De
este modo, varios fugitivos fueron fácil presa de los
soldados españoles tan fortuita y misteriosamente vencedores.
Cuando
los cristianos soldados de España, fueron a dar gracias
a Dios y "rezar a la Virgen" por encontrarse con vida,
llevaron algunos de esos indios que habían hecho prisioneros.
Ya frente a la imagen, estos, de nuevo daban alaridos
y con pavor intentaban huir. Al preguntárseles el motivo
de aquel terror, dijeron que "esa era la Señora que
los había destrozado con su presencia y mirar terrible
en el campo de batalla".
LA
IMAGEN DESAPARECE DE SU NICHO
Por
aquellos días de 1630 en adelante los varones pobladores
del Valle estaban en los campos de batalla guerreando
contra los indios sublevados: y las mujeres y niños
en sus hogares rogando a Dios con la intercesión de
la Santísima Virgen, por la seguridad de sus vidas.
Fue
cuando ocurrió otro portento que ratifica los anteriores
narrados. Una y otra vez pese a la estrecha vigilancia
del Cura Párroco, de Salazar y pobladores, la Imagen
desaparece misteriosamente de su nicho y de la misma
forma se la vuelve a encontrar en su lugar.
De
acuerdo a la costumbre española, la Imagen ya tenia
su vestido como al presente. En una de esas "vuelta
a su casa", los que la encontraron primero descubren
en su manto y vestido, polvo y abrojos y espinas que
no había en las inmediaciones, sino en las regiones
de los pucaraes donde se libraban las batallas... Nadie
podía ir y volver en tan cortísimo tiempo... (de un
día para otro) y de modo tan seguro e impune. La población
estaba ante un nuevo prodigio. "Fueron varios como este",
dijeron los declarantes con juramento en 1764.
INCENDIO DEL ALGODON
Salazar
había cosechado aquel año gran cantidad de algodón y
lo tenía almacenado en su casa así como lo había recogido.
Una mañana se declaró en el depósito tan repentino como
voraz incendio. ¿Habría de perder el vizcaíno todo el
fruto del trabajo de aquel año? "No" -diría con la voz
de su fe profunda Don Manuel- La Santísima Virgen, cuya
Imagen tenía en su casa, había conseguido del Cielo
otros favores para sus hijos de la comarca; y con aquella
convicción, toma la Sagrada Imagen de la Virgen del
Valle de su repisa y poniéndola sobre las llamas dice
aquellas palabras que repite la tradición: "Apaga Madre
mía este incendio; pues no hay razón para que yo pierda
todo estando Tu en mi casa". El prodigio se verificó
al Ínstame: pues al punto se extinguieron las voraces
y serpenteantes llamas. Y los vecinos que estaban presentes
en el lugar, constataron que solo quedaba como vestigio
del paso de las llamas, una ligera capa de algodón ennegrecido.
La noticia del milagro corrió por todo el vecindario
y luego pasó las fronteras de las poblaciones vecinas
y hogares más distantes por lo que la Imagen comenzó
a ser visitada desde zonas alejadas.
PORTENTOSO
EXTERMINIO DE LAS PLAGAS DE GUSANOS Y LANGOSTAS
Corría
el año 1764 y aquel tiempo se estaba caracterizando
por una incontenible plaga de gusanos que devoraban
los algodonales del Valle. No había parcela cultivada
que ya a punto de rendir frutos, no estuviera atacada
por tan cruel y destructor flagelo. Era el día 25 de
marzo en que luego de una misa solemne y procesión con
la Sagrada Imagen debía iniciarse aquella trascendental
recopilación de relatos de los milagros que Dios obrara
por intercesión de María Santísima en su advocación
de la Virgen del Valle. El acto litúrgico era para pedir
luz y acierto en este delicado trabajo; pero los fieles
devotos de la Madre del Valle, le pidieron también por
sus algodonales.
Pasó
aquel día dedicado a interrogatorios y valiosos informes
de lo que ahora es historia documentada de este amor
maternal mariano. Al amanecer, como de costumbre los
laboriosos vallistas se van a sus campos trabajados
con tanto sacrificio los demás, se decían en silencio
que ya todo estaría destruido por los gusanos... Pero
la sorpresa fue aplastante... nadie se animaba a creer
lo que se estaba viendo; los algodonales estaban verdes,
lozanos, frondosos; todo estaba vivo como si jamás pasara
por allí tan destructora plaga. También los demás sembradíos
se balanceaban al soplo de la brisa mañanera con gallardía
y hermosura. Examinando todo atentamente se constató
que los gusanos habían desaparecido misteriosa y completamente.
"La
Virgen del Valle..." nos ha escuchado... se decían los
labriegos dando fervorosas gracias a tan portentosa
Madre.
LANGOSTAS
MISTERIOSAMENTE ESPANTADAS
Condensamos
aquí lo que el sabio Lafone Quevedo escribió en 1897.
Allá por 1760 cubrió prácticamente el valle una inmensa
manga de langostas que desde los campos incultos avanzaba
lentamente hacia las poblaciones talándolo todo. En
pleno verano, árboles, pastizales y los primeros sembradíos
que encontró este voraz flagelo, quedaron como en el
crudo invierno. Esta era la triste y espeluznante noticia
que hicieron llegar a la población del valle algunos
viajeros que venían de la vecina Córdoba.
"Sólo
la Virgen nos puede salvar de semejante desgracia" decían
chicos y grandes, y a Ella recurrieron confiados pese
que al anochecer de aquel día una inmensa manga de langostas
se había asentado en los campos vecinos. Se sabía que
con calor y la luz del día siguiente los voraces depredadores
lo destruirían todo.
Pero
ocurrió el prodigio como respuesta del amor de Madre
intercesora por el bienestar de sus hijos; inesperadamente
el temible flagelo con las primeras luces del día levantó
vuelo y dando insólitamente una media vuelta emprendió
el regreso hacia el sur.
De
este modo protegió nuestra Señora y Madre -afirmaban
los vecinos-- estas verdes sementeras del Valle con
sus esperanzas de sustento".
RESURRECCIONES
Tres
resurrecciones se conocen entre los milagros narrados
en la Historia de la Imagen de la Virgen del Valle.
Sintetizamos
aquí lo que documentalmente se conoce.
Juan
Alonso Moreno Gordillo. segundo hijo de una familia
de Santa Cruz --distrito de Valle Viejo--. Fallece este
niño luego de una corta enfermedad. Don Ignacio, su
padre, carga el cuerpecillo y en compañía de varios
vecinos viaja al Santuario de la Virgen del Valle para
depositarlo a sus pies pidiendo la vida para este su
hijo, a cambio de consagrarlo como su sacerdote y capellán
en el Santuario. El niño resucitó a los pies de la Sagrada
Imagen.
Pasado
el tiempo el joven Juan Alonso. dispone ordenarse sacerdoic
para una Congregación Religiosa pero cae en una repentina
ceguera, de la que, invocando a la Madre del Valle sana
de inmediato con el consiguiente asombro de sus médicos
en Catamarca y Cordoba que era donde se atendió. Luego,
Ubérrima y gozosamente se ordena sacerdote siendo el
Pbro. Dr. Juan Alonso Moreno Gordillo, Cura de la Iglesia
Matriz de Catamarca.
El
mulatillo Juan, en el año 1714 ocurrió que Doña
Mariana de Velazco había ofrecido a la Virgen para su
servicio un hijo de una de sus esclavas, pero no cumplió
la promesa.
Su
hermano, Don Alonso Navarro, le reconvino aquello que
él consideraba falta de respeto y gratitud hacia la
Madre del Valle. Pero Doña Mariana le contestó: "¿Para
que quiere la Virgen el mulatillo? Le daré en cera lo
que el pese". Mas, poco después la madre del niño poniéndolo
a dormir esa noche sano y bueno, a la mañana siguiente
lo encontró muerto.
El
luctuoso acontecimiento llenó de tristeza toda la casa
pues que todos estaban encariñados con el hermoso negrito.
Llena de arrepentimiento Doña Mariana hizo llevar e!
cuerpecito sin vida a la presencia de la buena Madre
de1 Valle a quién rogó y ofreció fervorosamente que
si el niño volvía a la vida se lo entregaría de inmediato
en su Santuario para que después le sirviera. Ante el
verdadero estupor de los presentes, que eran numerosos,
el niño volvió a la vida y Doña Mariana cumplió su promesa.
Ana
de la Vega, el general Don Antonio de la Vega y
Castro, tuvo una hija que bautizaron con el nombre de
Ana, la que falleció a corta edad estando su padre ausente
del hogar. Al regresar Don Antonio casi un día después,
en medio de expresiones dolientes pero confiadas, en
compañía de numerosos vecinos llevó el cadáver de su
hija a la Iglesia matriz del Valle, "Y puso el cuerpo
cerca del nicho de Nuestra Señora del Valle y de allí,
con asombro de los que le acompañaban, la sacó viva
y sana".
SANA
MILAGROSAMENTE A DOS SACERDOTES
Guardaba
aún cama luego de una fuerte erisipela el Presbítero
DON PEDRO IGNACIO ACUNA y una mañana notó su dormitorio
a oscuras; y al decírsele que la puerta y ventana estaban
abiertas y había mucha luz del sol se convenció inmediatamente
que estaba totalmente ciego. No se le aplicó remedio
alguno y esa misma tarde el Cura de la matriz y algunos
sacerdotes le llevaron procesionalmente la Imagen de
la Virgen del Valle. Con acento fervoroso el enfermo
le pidió la vista si asi convenía; sino que tuviera
resignación en su ceguera. Después de algunos momentos
de absoluto silencio dijo que comenzaba a distinguir
la Imagen y de esta forma esa misma tarde recobró totalmente
la vista.
Este
prodigio lo testificó una sobrina del Pbro.eneiaño 1889.
Pbro.
Don Francisco de Cubas. Este sacerdote que dirigió
el importante trabajo de la documentación juramentada
de los prodigios en la historia de la Imagen de la Madre
del Valle experimentó también en su persona un especial
favor del cielo.
Un
día vino a enfermarse este conocido y respetado sacerdote
y llegó a ponerse al borde de la muerte. En cierto momento
había ya entrado en agonía y la familia sintió muy cerca
el inevitable fin; entonces lo encomendó piadosamente
a la Virgen del Valle de quien el moribundo era tan
devoto.
Estaban
allí rodeando su lecho, el progenitor de aquella larga
familia, Don Esteban de Cubas, el cura de la Iglesia
Matriz, el Maestre de Campo Pedro de. Agüero y varios
vecinos... cuando en un inesperado reaccionar, el Prebistero
abre los ojos y llama con voz viril y fuerte a Don de
Agüero y le dice: "Amigo, yo estoy bueno... la Virgen
me ha curado..."Y es lo que constató el médico de cabecera
Dr. Francisco de Herrera quien declaró, "ser el hecho
sin explicación natural".
LA
CADENA DEL MILAGRO
Un
caballero peruano muy rico pero pobre de salud pues
sufría cruelísimo dolores en todo su cuerpo; ya medio
paralítico emprendió viaje en busca de salud fuera de
su patria donde no habían podido devolvérsela médicos
ni curanderos.
Atravesando
lejanías por caminos del Antiguo Tucuman, se anotició
de los prodigios que se obraban invocando una Imagen
con el nombre de VIRGEN DEL VALLE; ordenó entonces a
sus servidores que lo llevaran ante aquella mentada
Imagen. De este modo, llegó a los pies de la Madre del
Valle de Catamarca, Los testigos que mencionan el prodigio
sólo dicen: "y obtuvo la salud".
Volvía
el peregrino ya sano y libre de sus dolores a su patria,
cuando en el camino encontró a quién contó que la Virgen
del Valle le había curado; pero que él tuvo que dejarle
su cadena de oro. Parecía así que la buena Madre del
Cielo le vendiera la salud. La segunda y aleccionadora
parte de esta historia relata que esa misma noche le
volvieron los dolores tal vez más crueles que antes
y al amanecer del día siguiente, sus servidores y compañeros
del viaje, al asistirle acomodando las mantas en que
yacía doliente, encontraron en medio de ellas la cadena
que había dejado a la Imagen del portento.
Arrepentido
volvió presuroso a Catamarca con sus dolores y la cadena
que se empeño en dejar de nuevo a la Imagen del Milagro.
Y como de nuevo obtuvo lo que pedia, se llamó a la Joya:
La Cadena del Milagro.
EL
JARRO DE LA VIRGEN
Corría
el año 1890 cuando en un paraje entre Catamarca y Córdoba
agonizaba un hombre enfermo con un mal irreversible.
Con la últimas luces de su mente pidió la vida a la
Virgen del Valle a la par que prometía visitarla en
su Santuario. Misteriosamente y prontamente le dejó
la enfermedad que lo consumía. Y a poco tiempo, pese
a lo caluroso del clima emprendió viaje a Catamarca
en cumplimiento de su promesa.
Mientras
esto sucedía en aquella lejana zona, de modo también
inexplicable desapareció un jarro de plata en la Iglesia
Matriz, templo de la Virgen del Valle. A los pocos días
de estos sucesos, se presentó al Cura Párroco un peregrino
con sus alforjas al hombro, con simples y emocionadas
pocas palabras, narró al sacerdote que habiendo obtenido
la salud por intercesión de la Virgen y cumpliendo su
promesa, salió de viaje a través de Las Salinas Grandes,
donde él y su mula, comenzaron a desfallecer de sed.
Al límite de perecer, de nuevo le pidió a la Virgen
del Valle la vida en un poco de agua... y que de nuevo
la Madre, le dio la vida con el agua..."mucha agua"
-agregó- porque bebimos yo y mi mula ... en este jarro
que apareció en el camino... rebalsando agua -expresó
emocionado- mientras lo sacaba de las alforjas.
Pero
es el caso que era el mismo jarro desaparecido del Santuario
de la Madre del Valle. Y es el jarro que ahora llamamos
"El Jarro de la Virgen".
Cadena
y jarro, en la actualidad son objetos de profunda veneración
entre los "bienes de la Madre del Valle" dejados por
sus hijos agradecidos.
En
la obra que condensamos, "Historia Popular de la Virgen
del Valle" IIIa. ed. del año 1988, se encuentran registrados
12 relatos más de otros tantos prodigios en esta "Historia
de Amor Maternal". A los que se suman innumerables anotados
convenientemente en libros especiales de los últimos
tiempos, en los Archivos del Samuano de la Virgen del
Valle; de los que se publicarán en las próximas ediciones
de la Historia de la Portentosa Imagen.
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