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En
la cotidianeidad el ser catamarqueno buscó y
busca responder a un requerimiento social que satisfaga
sus necesidades vitales, tanto materiales como espirituales.
En
esa inteligente respuesta crea cultura, que con el correr
de los años constituyó una identidad muy
peculiar, que por via de heredad nos convirtió
en propietarios de un patrimonio cultural cuya dimensión
y proyección nos produce el orgullo de ser los
depositarios.
Es
nuestra responsabilidad conocerlo, conservarlo, enriquecerlo
y transmitirlo a las generaciones venideras.
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