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Pachamama , ¿Costumbre o Religión?


Por: Huaman Luis Alberto Reyes


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El año pasado fue inaugurado en la entrada de Santa María un monumento a Pachamama realizado por el plástico Raúl Guzmán. La obra ha recibido críticas diversas: La de haber sido encomendada a este artista y no a otros también meritorios de Santa María o Tucumán; la de no ser suficientemente hermosa de acuerdo a los cánones estéticos; la de representar a la diosa con la imagen de una joven grávida y finalmente la de que la obra debió reservarse para la vecina localidad de Amaicha, donde anualmente se la celebra con importante afluencia de personas.

Quiero reflexionar sobre las dos ultimas críticas, porque ellas ofrecen la ocasión de hacer algunas precisiones:

Evocar a la Pachamama es remitirnos a la más antigua religión de estas tierras en una vasta región que trasciende localidades y aún naciones. Entonces es algo mucho mayor que una tradición local o una ocurrencia original de algún hotelero, intendente o director de turismo.

No es tampoco una mera “costumbre” de la gente de nuestro noroeste, como se suele decir para quitarle importancia o para no irritar los celos de las iglesias. Ha sido, y en muchos sentidos sigue siendo, una verdadera religión con su conocimiento, fe y culto de lo sagrado, aunque no estén institucionalizados en una dogmática ni en una estructura de poder.

Esta prevención, que la reduce a costumbre para que no compita con el cristianismo, parte de un error conceptual: La religión de la Pachamama tiene, como otras antiguas religiones de América, una amplitud tal que la hace compatible con otras creencias y modos de conocer a Dios. Para un indígena que cree en la Pachamama y le rinde culto no hay ningún problema en ser cristiano. El problema estuvo del otro lado, en la mentalidad de algunos curas -no de todos- que temían a la religión indígena y no se esforzaron en conocerla.

Por su naturaleza, la religión de la Pachamama es eminentemente femenina, familiar y popular. Está al alcance de todos y su templo es cada lugar de la Tierra. Es extraña a las jerarquías del incario y sus curacas.

Todos en pie de igualdad participan en su culto, y todas las ofrendas son recibidas. Quizás las personas más apropiadas para coordinar las ceremonias de su culto, según el espíritu de los mitos son las madres ya ancianas, porque saben de parir hijos y de verlos sufrir y morir. Ellas no hacen distinciones entre los hijos buenos y malos, grandes y pequeños.

A quienes respetamos a la venerable y sabia religión nos cabe congratularnos de que se multipliquen las expresiones que evocan y honran a la Pachamama. Solo en un desconocimiento del antiguo legado espiritual puede apoyarse una discusión acerca de a que ciudad actual ella “pertenece”.

En cuanto a la imagen elegida, cabe decir que en todas las grandes tradiciones, y también en la indígena, la religiosidad popular exige representaciones de lo sagrado. El sabio amauta, balam o tlamatini tenían claro sin embargo que una imagen no agota la multiplicidad de aspectos de lo divino.

En el caso de la Pachamama, y de la mayoría de las deidades indígenas, el problema es mayor porque se conjugan en ella aspectos que se oponen mutuamente, cosa propia de la concepción dual de lo sagrado propia de la antigua América.

Por eso muchas veces los artistas indígenas recurrieron a imágenes de complejo simbolismo, destinadas a ser interpretadas por los entendidos. Recordemos los conocidos testimonios de las esculturas de Coatlicue (con serpientes en lugar de cabeza) o la Piedra del Sol (con rayos de luz y rayos de oscuridad) o las pinturas de los Códices, en que cada imagen es un verdadero rompecabezas de alusiones simbólicas.

Pero junto a esas imágenes, y para la devoción popular, se generaron otras de un significado simple, que solo revelaban algún aspecto del ser divino.

En muchos de los más antiguos mitos andinos que conocemos, como el de los hermanos Wakon o el de Vichama, la Pachamama aparece como madre madura, y en los mitos de Huarochiri las huacas que la encarnan aparecen como mujeres jóvenes que atraen al varón para que en la cópula sagrada se cumpla el milagro de las aguas fecundando las chakaras y multiplicando los animales... En los mitos mesoamericanos, aparece bajo diversos nombres (Xochiquetzal, Tonantzin, Coatlicue, Tlazolteotl, Izpapalotl...) como mujer joven, madre universal, parturienta, devoradora, anciana...con diversos aspectos que corresponden a sus diversas funciones

A la común sensibilidad actual, pautada por el pensamiento no dual y la idea renacentista de belleza, probablemente provocarían rechazo muchas de las antiguas imágenes plásticas indígenas: o por su dificultad conceptual o por los aspectos “horribles” que frecuentemente revelaban.

La escultura de la ciudad de Santa María que la muestra como una joven grávida, responde a uno de sus aspectos. No el único en los testimonios antiguos, pero aceptable quizás para los valores occidentales.

Esta obra, fruto de un encomiable esfuerzo, debería ser acicate para que nos atrevamos a comprender y revelar otros aspectos de la gran madre. Sería bueno que en Amaicha, y en otros muchos lugares , los artistas revelen los distintos rostros de la Pachamama.

 

 
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