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Este
Complejo Cultural fue construido a mediados del S. XX,
dentro de un estilo Neo-Colonial destacando sus verjas
de hierro forjado y retorcido, sus farolas, pisos de
baldosas de cerámica cocida y las cabreadas con tirantes
de soporte tallado; el techo de sala lateral,, la que
es atípica, por cuanto se forma con bóveda de cañón
corrido con encuentros de bóvedas con base de arco de
medio punto, coincidentes con la carpintería (ventanas),
dando efectos visuales de seudas ojivas.
La
labor de Fray Salvador Narváez fue preponderante en
el quehacer cultural de Catamarca, siendo su máxima
creación el "COMPLEJO CULTURAL ESQUIÚ".
Mientras cumplía su misión pastoral en Pomán fue acoplando
material arqueológico de los departamentos del Oeste
catamarqueño y exponiéndolo en el Convento Franciscano.
Pronto el espacio resulta insuficiente y con la ayuda
del Gobierno Nacional e Instituciones de Catamarca,
Tucumán y Buenos Aires, logra la construcción del edificio
"Instituto Cultural Esquiú", cuya sala principal, la
arqueológica, lleva el nombre de "Adán Quiroga".

La colección que atesora el Museo Arqueológico Adán
Quiroga es considerada una de las más interesantes y
hermosas del mundo, tanto desde el punto de vista estético
como artístico; su mayor interés reside en piezas de
'Cultura de la Aguada' y 'Cultura Cóndor Huasi', aunque
se exhibe importante material arqueológico de todo el
territorio catamarqueño. Desde
los trabajos de piedra de las primeras culturas que
poblaron estos valles y montañas, hace más de 10.000
años, hasta aquellos que fueron contemporáneos de la
Conquista Española.
A
los fines de hacer comprensible la muestra, más allá
de resaltar los valores estéticos, con la intención
de organizarla en forma sencilla para los visitantes
neófitos en la materia, se optó por una organización
que sigue un orden cronológico, comienza en la vitrina
N° 1 y continúa en forma creciente (el número esta en
una oblea en el ángulo superior izquierdo).
Se
pueden observar los restos materiales de culturas del
pasado prehistórico catamarqueño, desde las antiguas
piezas, de piedra tallada, para los trabajos relacionados
con la actividad cazadora, que durante miles de años
fueron usados por los grupos de cazadores, de economía
parasitaria, nómades, que recorrieron en pequeños grupos
los valles y quebradas, siguiendo los animales que fueron
su principal sustento (guanacos, suris, aves migratorias,
etc.), siempre complementando con los recursos de la
recolección (frutos, raíces, reptiles, insectos, etc.).
Las
vitrinas 2 y 3 muestran trabajos en piedra de momentos
más tardíos entre los siglos III y V, cuando los grupos
humanos ya sedentarios, productores de alimentos, vivían
en aldeas planificadas, construidas con paredes de piedra.
Estas obras son excepcionales, corresponden todas a
las cultura Ciénaga y Aguada; son ofrendas realizadas
en tumbas a personajes importantes. Estos vasos están
destinados en algunos casos a contener la sangre en
los sacrificios ceremoniales.
La
vitrina 4, muestra cerámicas de varias culturas, tanto
las de uso cotidiano, como vasijas de destino funerario
o ritual. Se puede apreciar cómo, a pesar de las innumerables
posibilidades de modelar la arcilla, ella se resume
en menos de un centenar de formas, debido a comportamientos
pautados por costumbres compartidas por cada grupo humano,
lo que resultó de suma utilidad a los arqueólogos para
hacer comparaciones.
La
cerámica cuyo uso se generaliza a partir de los primeros
siglos de la Era Cristiana, va asociada con el sedentarismo
y manejo racional del agua, una mayor producción, derivada
del pastoreo de camélidos y agriculturas de especies
domésticas entre las que merecen destacarse: el zapallo,
maíz, papa, pimiento, ají, tomate y muchas otras que
hoy, alimentan al mundo; además conocían las plantas
con propiedades tintóreas, medicinales y veterinarias.
También utilizaron narcóticos como el tabaco, estimulantes
como la coca y alucinógenos en sus rituales.
Los
animales domésticos americanos fueron el cuís o chanchito
de Indias, los camélídos como la llama y la alpaca,
probablemente algún tipo de chinchilla, y algunos insectos
para producir tinturas. Utilizaron además una seda aborigen
precolombina que nada tiene que ver con la seda china
y responde a una invención independiente. Las
culturas arqueológicas se fueron sucediendo, interactuando
y desarrollando a lo largo de cientos de años.
Los
tiempos arqueológicos agroalfarero se dividen en tres
períodos: Temprano, anterior al Imperio Tiahuanaco,
Medio, contemporáneo con él, y Tardío, posterior al
Imperio. Se separa además un período Incaico y en el
caso de áreas que estuvieron libres de la conquista,
aún cuando ella se encontraba vigente en zonas cercanas,
se habla de un período Hispano-Indígena, luego el Período
Colonial, y por último el Nacional,, aunque ya en éste
poco queda de las culturas Indígenas.
PERIODO
TEMPRANO O FORMATIVO INFERIOR
Se
caracteriza por costumbres de origen amazónico, como
el entierro en urnas. Sus aldeas estaban conformadas
según un patrón de habitaciones circulares; tenían un
sistema de vida rural, usaban los metales preciosos,
tallaban la piedra e iniciaban los sistemas de regadío.
Algunas
de sus piezas de cerámica copian la forma de los primeros
zapallos domésticos tanto para hacer recipientes como
para alimento. Las culturas arqueológicas de éste período
representadas en el Museo son: Cóndor Huasi: (Vitrinas
N° 5, 6, 7 y 8). Alamito: (Vitrina N° 11). Ciénaga:
(vitrina N° 9 y 10). Tebenquiche: (Vitrina N° 20). Candelaria:
(Vitrinas N° 12 y 13). Entre ellos se destacan por su
belleza las piezas CÓNDOR HUASI TRICOLOR, en formas
fantásticas y caprichosas, algunas veces zooantropomorfas,
mostrando los tocados y pinturas corporales, faciales,
los orificios en narices, labios y orejas para colocar
adornos transfectivos.
PERIODO
MEDIO AGUADA O FORMATIVO SUPERIOR
En este período se acrecienta el número de pobladores,
cambia la cosmovisión y aparece como dominante una deidad
felínica. La cerámica se perfeccionó y se construyen
numerosos poblados de paredes de piedra, caminos y terrazas
de cultivo con un complicado sistema de captación de
agua subterránea y de superficie y de distribución en
terrenos previamente preparados para evitar la erosión
(Vitrinas N° 14, 15, l6, 17, 20, 21, 22).
De
esa etapa el Museo posee colección de piezas más importante
del mundo, tanto de la Aguada del Valle Central y Ambato,
como del Valle de Hualfín y Abaucán, entre las que existen
algunas diferencias; esta cultura se desarrolla desde
el siglo V al X.
La
vitrina N° 18 exhibe numerosas piezas rituales de piedra
y cerámica destinadas al uso de drogas ceremonial ,
corresponden a diferentes culturas y peródos de nuestra
prehistoria. La
vitrina N° 19 expone adornos, collares, pulseras y cuentas
de diversos períodos y culturas, en piedra, caracoles
de agua dulce o marinos del Pacífico, vidrio, etc. Los
paneles centrales exponen fotos de algunas de las manifestaciones
rupestres de los departamentos del Oeste y de la Puna,
donde se realizaron miles de petroglifos (tallas en
piedras), y también se exhiben algunas pinturas de la
Región del Este, donde predominan los aleros y grutas
con pinturas de diversos períodos. Como asimismo, planos
del Pucará del Aconquija (Fortaleza lncaica), del Pueblo
Perdido de la Quebrada (Cultura Aguada) y de Fuerte
Quemado (Tampu Incaico).
Merecen
destacarse los restos esqueletarios de indígenas con
deformaciones rituales en el cráneo, los cuerpos enteros
perfectamente preservados (momias de adultos e infantiles)
El Museo expone también, piezas de metal de varias culturas:
de bronce, cobre, plata y oro, entre los que merecen
destacarse los discos y pectorales, un estirador de
arco y campanas. (Vitrina N° 23, 31) posiblemente de
tipos rituales.
PERÍODO
TARDÍO
Luego de esto y alrededor del décimo siglo ,de nuestra
Era, vuelven a hacerse presentes en los valles del Oeste
las influencias amazónicas, y cada valle desarrolla
una personalidad propia que se manifiesta principalmente
en la cerámica funeraria, dividiéndose este período
en culturas: Santa María (Vitrina N°, 26), Belén. (Vitrina
N° 27), Sanagasta: (Vitrina N° 28).
En
los valles Calchaquíes, la dominación es resistida tenazmente
durante muchos años, hasta que a mediados del siglo
XVII, recién con la caída de los Quílmes, los españoles
logran imponerse. Él período de lucha con los españoles
corresponde a los restos que la arqueología denominó
Hispano- Indígena (Vitrina N° 29). Son grupos aborígenes
que mantienen su independencia aún cuando el resto del
territorio está en manos de los españoles. Entre los
elementos no es raro encontrar cuentas de collar de
vidrio, huesos de animales europeos, hierro, losa y
semillas de plantas foráneas como trigo o cebada. Al
finalizar éste período por el siglo XIII se hace sentir
violentamente la presencia lncaica (Vitrina N° 28),
que domina todos los valles del Oeste, construyen numerosos
caminos y sus característicos tambos y fortalezas; es
en ese tiempo que llegan los conquistadores españoles.
La
vitrina N° 31 tiene numerosos elementos de trabajos
en metal; entre ellos un hacha ceremonial Aguada; instrumentos
musicales de viento y morteritos rituales de piedra
destinados a los estimulantes inhalantes. La vitrina
N° 32 expone numerosos productos realizados en cestería
y textilería y los instrumentos utilizados en esos trabajos:
punzones, leznas, botones, pesos de morteros de hilar,
etc. La vitrina N° 43 muestra una interesante colección
de máscaras rituales y tallas en piedras de las culturas
Condor Huasi y Alamito, del período Temprano. Lo mismo
que la vitrina horizontal del centro del salón donde
predominan los morteros destinados a moliendas rituales.
En los laterales a la puerta de salida se exhiben: a
su izquierda, la colección de urnas de la cultura Santa
María y, a su derecha la colección de umas de la cultura
de Belén. Ambas corresponden al Período Tardío o de
los Desarrollos Regionales.
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