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Religiosidad Popular: el Caso de la Madrecita del Rosario

Por: Walter Norberto Herrera
Alumno del Departamento de Historia. UNCa

 

Sincretismo Cultural en la Religiosidad Popular: el Caso de la Madrecita del Rosario

Creemos que uno de los aspectos más significativos en el estudio de la cultura popular es el de la religiosidad, pues ella configura un elemento vital en la conformación de las lógicas sociales, por cuanto impregna el imaginario colectivo e ilumina las reglas morales que rigen los comportamientos individuales y sociales determinando algunos de los más significativos patrones de comportamiento.

Es también en este campo de la cultura en el que se manifiestan con mayor claridad los entrecruzamientos de las diversas vertientes ideológicas, y las estrategias que utilizan los cultos no oficiales para continuar vigentes. Por otro lado, como sabemos, los movimientos históricos de más larga duración se manifiestan en este campo, es decir que, al analizar un siglo de historia social, cultural y económica, de los Pueblos de Departamento Ancasti, estimamos pertinente indagar acerca de este aspecto.

En el año 1993, tuvimos noticias del culto a una vidente ciega que, según la tradición, vivió en Los Altos del Rosario (Ancasti), en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX.

Se trata de María del Rosario Quiroga, a quien se la conoce popularmente con el apelativo de Madrecita del Rosario.

Partimos de la hipótesis de que dicho culto configura un caso de sincretismo religioso, muy similar a muchos de los que podemos encontrar en Latinoamérica y en Europa.

Debemos aclarar que usamos el término sincretismo, en su más prístino significado, es decir, que cuando decimos sincretismo, nos referimos exactamente al concepto griego “sincréticos”.

La Fuente Oral, contenida en el archivo oral perteneciente a la Lic. Mercedes Díaz, quien realizó un Relevamiento en cinco campañas, y en el nuestro, obtenido en oportunidad de las Jornadas Preparatorias al Cuarto Congreso de Ciudades y Pueblos del Interior, realizadas en la Ciudad de Recreo, nos dio la dirección de encuesta para la búsqueda de Fuentes Escritas. Así realizamos una minuciosa búsqueda en el Archivo del Obispado. También revisamos los Protocolos de los Jueces de Paz de Ancasti, las Carpetas de Juicios Sucesorios y los planos de la Dirección de Catastro, pues los lapaceños, mayoría absoluta entre los fieles de la Madrecita, sostienen que Los Altos del Rosario pertenece a La Paz.

La confrontación entre los dos tipos de fuentes nos planteó un desafío interesante y sus resultados, aún provisorios, nos abren una nueva dirección de encuesta para volver a interrogar a la Fuente Oral.

LA FUENTE ORAL

Mas allá de las diferencias anecdóticas, la fuente oral coincide en los siguientes puntos:

Todos los informantes la ubican como una figura histórica, es decir tiene una ubicación temporo-espacial cierta. Estamos frente a una mujer que tuvo existencia real, aunque nadie posea información documental cierta.

  • El nombre de “Madrecita del Rosario”: todos la denominan con este apelativo, que es el mismo con el que en todas las zonas rurales se menciona a la Virgen María, en su advocación “del Rosario”.
  • Por otro lado, la gente de nuestra campaña antepone a todas las advocaciones de la madre de Cristo el apelativo de “Madrecita”, como una forma cariñosa de referirse a ella; así tenemos a la “Madrecita” del Valle, la “Madrecita” de Sumampa.

La pregunta que surge espontáneamente es qué lógica opera en la mente de estas personas para que, a riesgo de exponerse a la desaprobación eclesiástica a través de este juego de palabras, den el lugar de la Madre de Dios a esta mujer que podría ser descripta como una “curandera” de las muchas que habitaban y habitan la campaña latinoamericana. “Ella curaba en los Altos del Rosario y mi abuela en El Divisadero afirma una maestra lapaceña.

Esta estrategia de sustitución es muy similar a la que, durante los siglos de dominación hispánica, utilizaron los aborígenes americanos para burlar las múltiples campañas de extinción de herejías.

  • Que desde pequeña tenía dotes de vidente y sanadora, virtudes que conserva después de muerta: al respecto creemos que en el imaginario de la gente, la “Madrecita del Rosario” es ese principio femenino ligado a la tierra, ese principio que en los pueblos en que la tradición indígena se conserva más fuerte se la sigue denominando “Pachamama”.

    Ella ha tenido en vida todos los secretos de la naturaleza, conocía las propiedades de las yerbas del campo, podía “ver” donde se encontraban animales u objetos perdidos y podía curarlos de palabra, “adivinaba” acontecimientos futuros, incluso “ella predijo su propia muerte”, aseguran con toda seriedad nuestros informantes..

    Sus recetas de “jarabes”, “friegas olorosas” y “teses” han llegado por tradición oral hasta nuestros días, y todos nuestros entrevistados les asignan un alto valor medicinal. La capilla que ella consagra a la Virgen del Rosario, convertida hoy en su propio santuario, guarda varios cuadernos en los que sus devotos dan testimonios de los milagros de sanación operados por su intercesión. La emoción que traslucen los rostros de sus numerosos “romeros”, denota un hondo convencimiento de que los cirios que se prenden en su honor llevan, mágicamente, en su luz, el pedido que la “Madrecita” escucha y, generalmente complace.

  • Que era “ciega” y velaba su rostro: esta ceguera física de María del Rosario Quiroga, la hermana con gran cantidad de figuras shamánicas que encontramos en diferentes pueblo que estaban “marcados” por los dioses con algún defecto físico.

    El velo del rostro da cuenta de su autoconciencia de pertenecer a una calidad especial de personas a las que los seres comunes no tienen derecho a acercarse demasiado solamente le conocieron el rostro las personas a quienes ella quería mucho..

  • Que vivió y murió en olor de santidad, virgen y rodeada de “criados/as”: esta tradición nos pone frente a una imagen emergente construída por el imaginario colectivo, y es decir que esta niña, por las dotes “sobrenaturales” que la adornaban pertenecía al escasísimo número de los elegidos de Dios y que, por tanto, debía ser tratada de forma especial.
  • Que erigió, con su propio peculio, un templo en honor a su santa patrona la Virgen del Rosario: es el templo que, después de casi un siglo, se perfila en medio de la agreste vegetación de la vertiente oriental del sistema montañoso de El Alto-Ancasti, en el Distrito de Los Mogotes, Departamento Ancasti.

    La capilla mide11 metros de largo por cinco de ancho, tiene coro y sacristía, un campanario separado del cuerpo del edificio y dos altares. Sus paredes de piedra laja gris, que abunda en la zona, nos hablan de una albañilería de muy buena factura.

    La imagen de la Virgen del Rosario que preside el altar mayor es de procedencia española, y los lugareños guardan la memoria de la existencia de una enorme campana y ornamentos de gran valor.

    Esto nos está diciendo que la fortuna de María del Rosario era considerable, y confirma la inferencia de que ella contribuyó en gran medida a forjar su imagen de elegida . Esto se hace más evidente aún, si como cuenta la gente, pidió ser enterrada en el mismo templo, que consentía en ser llamada “Madrecita ” en vida, y que eligió el mismo solar en que se levantaba su propia casa para construir el templo.

  • Que su cuerpo incorrupto se encuentra ubicado en un altar lateral del templo: se cuenta que dos obispos, Mons. Hanlon y Mons.Torres Farías, ordenaron exhumar el cuerpo, y tanto en la primera como en la segunda exhumación, éste se presentó absolutamente incorrupto. Como consecuencia de ello, la primera vez se había colocado nuevamente el cadáver en el lugar que hasta entonces ocupaba, es decir en el presbiterio y la segunda vez se dispuso colocarlo en la urna en que hoy se encuentra, dándole así en los hechos el tratamiento de reliquias sagradas.
  • Si algo le faltaba a María del Rosario para completar su imagen de santa popular era este último gesto: sus fieles, frente a la urna rezan, piden y agradecen. Aseguran con total certeza “ver” el contorno de su silueta a través del velo que la cubre, y, aunque a los ojos profanos ese contorno se muestre esquivo, después de haber participado en cuatro peregrinaciones a Los Altos del Rosario, tenemos que concluir con “El Principito” que “lo esencial es invisible a los ojos, y que sólo se ve bien con el corazón”

Los puntos en que difieren las versiones orales:

  • Unos afirman que nació ciega, otros, que quedó ciega a los cinco o seis años, y entre estos últimos, algunos sostienen que la ceguera se produjo al lavarse los ojos en una vertiente, y otros que el agua que la cegó estaba en una “ollita de indios”.

    La primera versión presenta a la ceguera como un hecho natural, en cambio la segunda la da como un acontecimiento mágico a partir del cual ella comienza a “profetizar” y a “curar”.

  • Unos afirman que era “hija legítima del matrimonio integrado por Ana María Cerdán y Francisco Quiroga”, otros que ese matrimonio la había adoptado, otros dicen que su verdadero apellido es Brizuela.

    Otra vez las dos versiones contraponen una percepción “culta” y una “popular”. Los sostenedores de la primera son quienes tratan de presentar a la “Madrecita” perteneciente socialmente al sector respetuoso de los cánones establecidos. El origen “ilegítimo” que le asignan las otras dos versiones la colocan en el amplio sector de los “hijos del pecado”, como eran considerados los hijos extra-matrimoniales hasta no hace mucho por la jerarquía eclesiástica.

  • Para unos su muerte se produjo “el seis de diciembre de 1906”, mientras que otros no precisan el año, afirman sólo que se produjo un “viernes santo”.

    La segunda fecha posee mayor contenido simbólico y es la que rememoran las peregrinaciones actuales que, para esa fecha se realizan al santuario de “Agua de los Mistoles” o “Altos del Rosario”.

LA FUENTE ESCRITA

“En el año del Señor de mil ochocientos cuarenta y cuatro, a cuatro de Agosto: En la Capilla del Chorro, anexo a la Doctrina de Ancasti yo el Cura Vicario interino de ella: supliendo las sagradas ceremonias del bautismo, puse oleo y crisma a María del Rosario, de once meses, nacida en las cercanías de este lugar, hija natural de Lucía Quiroga bautizada por secular suficiente, fue madrina Fernanda Ferreira y para que conste lo firmo” (firma del Pbro. Victoriano Tolosa). La fuente escrita nos permitiría confirmar la historicidad de la “Madrecita” y rectificar a la tradición oral que la hace hija legítima de Francisco Quiroga y Ana María Cerdán, aseverando que nació entre los meses de agosto y septiembre de 1843. Pero decimos “permitiría” porque a la luz de la documentación exhumada se nos plantean varios problemas:

  • *En el Libro de Protocolos del Departamento Ancasti leemos “En el lugar del Alto del Rosario, Distrito de Mogotes, Departamento de Ancasti (...), a catorce días de Marzo de mil ochocientos noventa y siete...” una persona llamada “Doña María del Rosario Quiroga...”, que se encontraba “enferma” manifiesta “el deseo de otorgar testamento”. De esta rica fuente averigüamos que la testadora quería que “el entierro de sus despojos mortales y la celebración de honras fúnebres se hagan lo mejor posible; consistiendo en misa de cuerpo presente, siempre que sea posible, y entierro mayor cantado”; que era nacida y criada en Ancasti, de setenta y seis años, hija legítima de los ya fallecidos cónyuges Don Juan Francisco Quiroga y Doña Ana María Cerdán; que es soltera y que declara no tiene sucesión, calculando sus bienes en ochocientos pesos moneda nacional. Son favorecidos por este testamento Don Santos Pedraza, sobrino carnal suyo, al que le lega, entre otras cosas, “un derecho de campo en la Estancia de la Agua de los Mistoles y otro en la Estancia de La Dorada, en la parte llana...”; Lúcas Cerdán, sobrino suyo, a quién le otorga “ocho cuadras de terreno en la Estancia de La Dorada en el llano, con acción y derecho al campo y al agua, con las servidumbres necesarias..” ; Don Victorio Tula, a quién, “en recompensa de servicios que de él tiene recibidos, [le lega] dos leguas de campo en la Estancia de La Dorada, una en la sierra y otra en el llano...”, entre otros beneficiados por sus mandas. También declara que antes de este testamento había realizado otro, (testamento que no hallamos todavía), que caducó por haber fallecido el heredero allí nombrado. Finalmente destacamos que por no saber firmar lo hizo por ella Don Manuel Santillán.

Gracias al juicio sucesorio, fechado el 18 de mayo de 1907, que sigue el doctor Osvaldo Gómez en representación de don Victorio Tula Cejas, albacea testamentario y legatario de María del Rosario Quiroga, sabemos cuando fallece la testadora, porque ahí se transcribe la partida de defunción en la que leemos: “El día siete del mes de Diciembre de mil novecientos seis, ante mí Honorato Ortega Juez de Paz del Distrito de Mogotes, Ramón Cerdán, argentino, casado de veintiséis años, criador, domiciliado en la Agüadita declaró: que el día de la fecha, á horas ocho de la noche en el Alto del Rosario había fallecido María del Rosario Quiroga, argentina, soltera, de ochenta años, domiciliada en el expresado lugar, que era hija legítima de Francisco Quiroga y Ana María Cerdán...”

Y es la misma fuente la que nos indica que, a pesar de que la testadora había tasado sus bienes en ochocientos pesos aproximadamente, observamos que con motivo de llevarse adelante el citado juicio sucesorio, entre el 23 y el 24 de julio de 1907, el primer albacea testamentario Don Victorio Tula Cejas y el perito Don Alejandro Aguilar determinan que el caudal inventariado arroja la suma de siete mil quinientos cincuenta pesos con setenta centavos moneda naciona. Sin embargo, a pesar de esta importante fortuna de la que ella era propietaria, notamos que vivía austeramente, cosa que deducimos del inventario de sus bienes muebles, en donde figuran: “Tres silla viejas asiento de suela a treinta centavos una (...) una silla chica, usada de junco en un peso (...) una mesa grande, sin cajón y ordinaria, en dos pesos (...) dos colchones deteriorados á un peso y medio uno, son tres...”. Los semovientes que poseía eran escasos y no de la mejor clase, como “Una mula muy vieja y de mala clase en dieciocho pesos (...) dos machos mula vieja y de mala clase á doce pesos uno, son veinticuatro pesos...”.

A pesar de lo detallado hasta ahora, poseía una interesante cantidad dinero en efectivo, el cuál ascendía a la suma de “Cuatrocientos cuarenta pesos con veinticinco centavos moneda nacional en billetes de Banco, moneda níquel y cobre...”. Pero esto no era lo más sustancioso de su herencia. La diferencia la daban los bienes raíces, ya que tenía “La posesión en el Alto del Rosario que se compone de dos piezas muralla de piedra, (...), y un pequeño cerco que rodea la casa con algunas plantas de castilla, edificada por la autora de la sucesión en ciento ochenta pesos (...). Un campo en la estancia “La Dorada” ubicada en los Departamentos de Ancasti y La Paz, el cual consta de sesenta y un kilómetros, seis hectáreas nueve mil ciento sesenta y siete metros cuadrados, en tres mil seiscientos pesos (...). Un campo en la estancia “La Dorada” ubicado en los Departamentos de Ancasti y La Paz, el cual consta de cincuenta kilómetros cuadrados, legado a Don Victorio Tula, en tres mil pesos...”. Cabe destacar que para efectuar este inventario se necesitaron dos días, ya que el primer día de trabajo decidieron que “Siendo hora incompetente, se suspendieron las operaciones para continuarlas al día siguiente hábil, habiendo ascendido el valor de los bienes inventariados á la cantidad de seiscientos sesenta pesos con setenta centavos moneda nacional...”; y que el en la segunda y última jornada de labor, se arribó al monto total de 6880 pesos, lo que totalizaba los 7550,70 pesos mencionados anteriormente.

Sumamente interesante es la copia del acta de exhumación de los restos de María del Rosario Quiroga. El acta lleva fecha 15 de mayo de 1934, y la exhumación se efectuó en El Alto del Rosario o Agua de los Mistoles, en el distrito de Los Mogotes. La misma copia nos informa que fue el Vicario Ecónomo de La Paz y Ancasti, el pbro. Oscar H. Beppre, quién solicitó el permiso al Vicario Capitular Monseñor Luis A. Costoya, recibiendo de este último la debida autorización, en la que le adjunta también algunas “sugerencias”. El Vicario Capitular aclara que accede al pedido al solo efecto de constatar su estado ante testigos y le indica que se abstenga de “todo lo que pudiera tener cariz de culto público a la difunta; prohibiendo que se saque pedazos de ropa o partículas de cuerpo como reliquia”. Como la exhumación del cadáver se había realizado para constatar su estado, el Vicario Ecónomo deja bien en claro que “...examinado en debida forma se ha constatado que se halla íntegro y disecado, probablemente por la acción de la mucha cal que lo cubría, sin notarse nada extraordinario...”.

Nuestras dudas se suceden en torno a tan especial figura. La partida de bautismo con la que iniciamos nuestro recorrido por las fuentes escritas, basándonos en las afirmaciones de la Fuente Oral, nos habla de una mujer, María del Rosario Quiroga, nacida aproximadamente entre agosto y septiembre de 1843, que al 14 de marzo de 1897 tendría 53 años, no 76 como lo afirma nuestra testadora, coincidentemente llamada también María del Rosario Quiroga. Y nuestra testadora no podría tener 80 años al momento de su muerte, acaecida el 7 de diciembre de 1906, como lo afirma el testigo del deceso, sino 86, pero este lo consideramos un dato mínimo, ya que al ser 80 una cifra redonda, la podemos tomar como una forma de decir que murió a una edad muy avanzada, es decir de manera simbólica,o bien, que esa diferencia de seis años sería propio de la falta de interés por precisar la edad propia y ajena.

Y como de nuestra testadora hablamos, diremos que en el testamento a que referimos hay una manda especial: allí lega a su sobrino Lucas Cerdán “ocho cuadras de terreno en la Estancia de La Dorada, en el llano, con acción y derecho al campo y al agua, con las servidumbres necesarias; una tambera de dos á tres años y ocho cabras...”, pero agregaba la condición de que si ella moría y el legatario era todavía menor de edad, no se hiciera cargo del legado la madre. Destacamos esto porque también es curioso que haya designado como primer albacea a Victorio Tula Cejas, a quién, hasta ahora no pudimos hallarle un parentesco con María Quiroga, y no a alguno de sus parientes. Y como si esto no bastara para acrecentar nuestra curiosidad, el día 17 de febrero de 1882, le otorga poder especial a Victorio Tula Cejas para que la represente en todos los asuntos “sean de la naturaleza que ellos fuesen...” Podríamos pensar que lo hace porque Tula Cejas vivía en la cabecera departamental de Ancasti o en San Fernando, pero es vecino de la Cañada del Sauce, una localidad que no era un centro administrativo ciertamente.

Destaca igualmente el pedido que hace el referido Tula Cejas a Monseñor D’Amico, Vicario Foráneo, en el cuál le solicita, el 22 de noviembre de 1899, licencia para que después del fallecimiento de María del Rosario, su cadáver sea sepultado al frente de la iglesia. Fundamenta su pedido en que “a más de su conocida virtud, ella ha donado y hecho construir casi a sus expensas el templo y el cementerio del referido lugar Altos del Rosario...” La respuesta es por demás satisfactoria: se le otorga lo que solicita, añadiéndole la aprobación de que sea sepultada en el mismo templo “algún tanto distante del altar...”. Esta respuesta es del 1 de diciembre de 1899. Este pedido obedece a la conciencia que ella tenía de pertenecer a una clase de “elegidos”.

En la documentación manejada se hace escasa referencia a la iglesia de Los Altos del Rosario. Es Recién en 1946 cuando que se hace una referencia detallada de la misma, realizada por el hijo de Tula Cejas, el señor Tula Bazán, en la que dice que la iglesia consta “de once metros y veinte centímetros de largo, por cinco metros y veinte centímetros de ancho con su respectiva sacristía, etc (...) un terreno para plazoleta que mide treinta y dos metros de frente por veinticinco de fondo en donde están comprendidos un campanario con dos campanas (...) cinco cuadras de terreno ubicados en la Estancia Casa de la Cumbre y cuatrocientos metros cuadrados para Cementerio...”.

En un documento de 1954 tenemos la explicación de por qué las fuentes orales nos habían informado que Los Altos del Rosario, pertenece a La Paz, en efecto, el 21 de marzo un grupo de fieles realiza un pedido formal, a la jerarquía eclesiástica, de pasar a pertenecer a la parroquia de Recreo, pedido que las autoridades eclesiales deniegan. Sin embargo, los Cultos actuales en el Santuario de Los Altos de Rosario, son presididos por los párrocos de La Paz.

Los planos catastrales de Ancasti que hemos consultado nos confirman la pertenencia de los Altos del Rosario a dicho departamento, mas exactamente al distrito de Los Mogotes.

Cotejo de Fuentes

Las fuentes escritas testimonian la historicidad de “La Madrecita” y su pertenencia, al Departamento Ancasti. Pero, a pesar de este logro nos quedan dudas que nos incentivan a continuar desentrañando lo real acontecido de lo que ha construído el imaginario popular.

Dos personas diferentes coincidieron en Ancasti en la segunda mitad del siglo pasado, con el mismo nombre y 20 años de diferencia?.

Es la misma María del Rosario Quiroga la de la partida de bautismo y la del testamento?.

Si en el curso de la investigación llegamos a responder afirmativamente este último interrogante, tenemos que dilucidar las motivaciones que llevaron a tanta gente a ocultar, o por lo menos, a disfrazar la verdad.

El aspecto material de su vida:

El Testamento que María Del Rosario Quiroga otorga, permite confirmar los dichos de quienes sostienen que era una mujer de considerable fortuna, las posesiones de tierras que lega son bastante importantes. Esta aseveración es confirmada plenamente por el Juicio Sucesorio.

También el Testamento y el Jucio Sucerio, confirman a l Fuente Oral cuando afirma que María del Rosario era soltera, que tenía criados, sobrinos y que, el lugar en que habitaba ya había dejado de llamarse Agua de los Mistoles para pasar a denominarse Altos del Rosario.

Su Filiación

En el Testamento la propia María del Rosario asegura ser hija legítima y profesar la fe católica , Si atendemos a la edad que declara tener al momento de testar, advertimos que desmiente los dichos de los informantes que la ubican naciendo alrededor de 1840, en consecuencia, el Acta de Bautismo que nosotros encontramos perteneciente a María del Rosario Quiroga, pertenecería a una homónima, y, por tanto tendría veracidad la tradición que la presenta como hija legítima del matrimonio Quiroga Cerdán. Pero, puede ocurrir también que, a sabiendas o, por ignorancia La Madrecita, disfrace la realidad, en tal caso, nuestra Partida , coincidente con la Fuente Oral, sería el documento identitario de María del Rosario Quiroga, la Santa Laica de Los Altos del Rosario.

En cuanto a la tradición que alude a las exhumaciones que confirmarían su santidad a partir de que sus restos mortales se encontraron incorruptos, está refrendada por el Acta de Exhumación firmada por el presbítero Beppre y varios vecinos del lugar, aunque en ella el Cura Vicario opine que los restos están incorruptos por la acción de la cal. También es dable destacar que esta acta alude a que María del Rosario fue una mujer cuyas virtudes cristianas la convierten en ¨ en un ejemplo edificante para los fieles¨, lo cual estaría confirmando las aseveraciones de la Fuente Oral en ese sentido.

El Inventario de sus Bienes confirma plenamente la suma austeridad en que vivía María del Rosario, que, si bien da cuenta de que poseía unas propiedades importantes y bastante dinero, el mobiliario era más que austero, al igual que sus vestidos. Vemos también que la riqueza se concentraba en los objetos de culto. Es decir que, las retribuciones a sus dones de sanación y adivinación fueron dedicados a ofrendas religiosas..

Algunas consideraciones finales

En este estado de nuestra investigación no podemos dar una respuesta cierta a ninguna de los interrogantes; solo nos resta rescatar de su escondite -en el supuesto caso de que alguna documentación se nos negó hasta ahora- otras fuentes escritas que nos permitan tomar postura por una o por otra hipótesis, que en ese caso dejarían de serlo, o por una tercera posibilidad que por ahora no vislumbramos.

Necesariamente debemos continuar la búsqueda en los archivos y repreguntar a las fuentes orales, aunque creemos que los fenómenos de la religiosidad se explican por sí mismos, es decir que pueden ser creaciones absolutamente imaginarias y no por ello dejar de conformar la realidad histórica. Sin embargo estamos convencidos que el contraste que efectuamos con la documentación permitió ubicar este caso específico en el exacto cruce entre la doctrina oficial de la Iglesia Católica y las manifestaciones mágico- míticas de los cultos pre-hispánicos que, por otro lado son característicos de toda Latinoamérica.

Las percepciones imaginarias acerca de la “Madrecita”, compartidas por personas con marcadas diferencias culturales, nos llevan a inferir que el espíritu religioso que impregnó las culturas que se desarrollaron en la tierra catamarqueña, continua hoy, en el umbral del tercer milenio, manteniendo toda su fuerza.

Y porque no solamente los iletrados sostienen esta devoción, los archivos nos han proporcionado y, probablemente, nos seguirán proporcionando material para que nuestra tarea pueda llegar a describir, explicar e interpretar con mayores certezas este caso.

Lo cierto es que, ajenos a todas estas dudas, los fieles de la Madrecita del Rosario, continúan sus peregrinaciones anuales. Ellos son, en sí mismos la principal afirmación de que María del Rosario Quiroga, existe, en todo el sentido del término.

A ellos no les interesa la María del Rosario Quiroga que vivió en un lugar y un tiempo exacto, sino la imagen que ellos mismos construyeron. La mujer que fue un dechado de virtudes y, como dice el Presbítero Beppre “a diferencia de La Telecita” puede constituirse en un modelo edificante para los fieles. La protectora que mágicamente puede resolver sus problemas hoy, como lo hacía con sus padres y abuelos ayer.

Y para quienes nos interesamos en los estudios de campesinado, la comprensión de este pensamiento mágico es lo que nos puede explicar su comportamiento y develar las motivaciones profundas que lo movilizan.

Lo interesante del caso será continuar indagando para explicarnos por qué razones la Iglesia, generalmente remisa a este tipo de cultos, al enviar anualmente sus sacerdotes a Los Altos del Rosario, aunque con ello esté aceptando la devoción, pero tratando de mantener una cierta distancia de ella al mismo tiempo.

Pensamos que si bien la fuente oral no puede ni debe suplantar a la fuente escrita, la enriquece, y para los estudios rurales es imprescindible.

Sabemos que, por más que nos empeñemos, alguna parte de verdad seguirá siéndonos esquiva.

 
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