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La
Religiosidad popular está transitada de magia, los santos
patronos, y, entre ellos, en primer lugar las distintas
advocaciones de la Virgen María, son dispensadores de
favores especiales y, hasta de milagros. Hay una relación
permanente de don y contra-don, entre ellos y sus fieles.
La
Virgen del Valle, patrona de Catamarca, que está
considerada tanto por la leyenda cuanto por la historia
la “pobladora” de la ciudad de San Fernando del Valle
de Catamarca, capital de la provincia, convoca dos veces
al año una verdadera multitud. Podríamos decir que estamos
ante una “ciudad tomada”. Los Peregrinos ocupan todos
los espacios públicos, como ellos dicen “la velan” a
la Virgen en su templo. Suben de rodillas hasta su camarín.
Se despojan de lo más valioso que tienen para dejar
su ofrenda a la “Reina del Valle”.
La
Virgen Morena, imagen vestida a la usanza española,
debajo de su alba camisa y su manto celeste, esconde
una imagen policroma en la que resplandece el sol del
incario ...
La
“mama achachita” de los indios de Choya, es la “Pura
y limpia Concepción” del santoral católico, pero, tal
vez, evoca esas deidades femeninas de nuestro pasado
indígena, y, por ello, es el vértice en el que confluye
la cultura mestiza de esta tierra (tierra-madre-pacha-mama)
objetivándose en la Fiesta paradigmática de los catamarqueños.
San
Roque, patrono de los enfermos, es también un santo
popular, su fiesta, en el mes de agosto, se celebra
en diversos puntos de la provincia. Una de las más autenticas
y convocantes, es la de San José en Santa María.
Allí,
en un templo que data del Siglo XIX se venera una pequeña
imagen de oro, que la iglesia, y los fieles reconocen
como de San Roque, reconocen como de San Roque, pero
que, no se parece a las representaciones convencionales
del Santo, en realidad, el ojo profano ve más bien la
personificación de un minero, con sus botas y su casco.
Acuden
a esta fiesta fieles de toda la puna, tanto catamarqueña
como salteña; de los valles calchaquíes confluyen artesanos
para vender sus obras, vendedores ambulantes con mercadería
“globalizada”, copleros y bailarines, “rezadoras” y
“curanderos”. Todos a rendir tributo al “San Roquito”,
como lo llaman cariñosamente.
Esta
Fiesta, anclada en el corazón de los valles calchaquíes
es una de las que muestra un mayor sincretismo cultural,
allí se palpa la magia del rito que año tras año anuda
el lazo entre San Roque y su pueblo.
Allí
están presentes y actuantes las 2 vertientes culturales
más importantes de nuestro pueblo, y tal vez, con un
pequeño predominio de lo aborigen.
San
Pedro (Fiambalá), otro santo patrono que concita
los fervores populares es un San Pedro que tiene su
morada, desde el siglo XVIII en un templo de la ciudad
de Fiambalá.
Allí
se guardan varios pares de zapatitos gastados pues el
santo suele salir de vez en cuando de su templo y gasta
el calzado,”entonces hay que comprarle zapatitos nuevos”,
dicen sin asomo duda los fiambalenses.
San
Juan Bautista:, su celebración es el 24 de Junio.
Santo Fundador de la primera población española en suelo
catamarqueño. Allí, en Londres de Belén, se conserva
muy fuerte la tradición de las hogueras cuando se lo
celebra.
La
de Londres es la Fiesta de San Juan más tradicional.
El Santo es honrado todo el día, que comienza con las
hogueras que iluminan todo el pueblo a las 0 hs. Allí
“se queman los pecados”, es decir la gente va tirando
papelitos en los que ha escrito su pecado más arraigado,
por ejemplo la gula, la envidia, la pereza, la lujuria
... Además es muy divertido porque se lo comenta: “ay
vea, yo todos los años quemo la envidia, pero no hay
caso vuelve ... pueda ser que el señor San Juan consiga
que Dios me lo perdone...”, nos dice una santa señora.
Después
la reunión familiar donde se brinda con ponche por los
juanes y juanas que son muchísimos, ( y se les olvida
la quema de los pecados)...
Esa
noche, se duerme poco, o no se duerme porque a las 10
de la mañana hay que ir a la “Misa Mayor”, olorosa de
incienso y animada por un conjunto musical (que es el
mismo que actúa en los festivales).
Sigue
el desfile, donde tanto los niños y jóvenes escolares
cuanto los jinetes, lucen orgullosos los inigualables
ponchos londrinos. También se preparan carrozas alegóricas
y ferias de las producciones agrícolas y artesanales.
Las
comidas típicas: mote, gigote, empanadas, quesos, pan
casero y tortillas, alternan con los vinos pateros de
Tinogasta y Pomán y con el “Ponche” y el “Jacaranda”,
preparados por las habilidosas manos de las mujeres
del pueblo, que también traen a la Feria nueces confitadas,
tortas de turrón, rosquetes y muchas otras confituras
de exquisita factura, junto a las maravillosas telas
( ponchos, ruanas, mantas, chalinas, puyos) que también
ofrecen las gentes que “
En
definitiva, a los San Juanes de Londres es preciso vivirlos,
y, cuando eso ocurre, no se los olvida.
La
“Madrecita del Alto del Rosario”: En las ultimas
estribaciones del Ancasti, casi en el límite de los
Dptos., de Ancasti y La Paz, hay una capilla de piedra
que se levanta solitaria en medio del monte. Allí, cada
semana santa y, para el día de la Virgen del Rosario,
en Octubre, se reúne una multitud devota que honra la
memoria de una mujer que la piedad popular, sin esperar
la aprobación eclesiástica, considera santa.
Esta
es una fiesta muy colorida, netamente popular, no hay
en ella ninguna “puesta en escena”. Los parientes y
amigos que llegan con sus velas (cientos de ellas arden
durante todo el día), para pedir o agradecer favores,
se reúnen en torno a improvisados fogones y allí cuentan
historias (principalmente de la vida y los milagros
de la madrecita), se pasan las recetas de las “friegas
olorosas” que ella recetaba, por allí alguno que ha
traído una guitarra comienza a cantar, alguna pareja
se anima a bailar todos los hombres mayores juegan la
taba, se dan noticias de los animales que pastan a campo
abierto, se desafían para alguna cuadrera. Las mujeres
son las encargadas de los rezos y de mantener encendidos
los cirios, también de freir las empanadas ( que, en
semana santa son de vigilia), calentar las viandas,
ocuparse de los niños.
La
Iglesia Católica, viendo que la devoción crecía sin
ella, se ha decidido a permitir que algún sacerdote
acompañe la celebración, de esta manera aunque en el
sermón el representante oficial de la Iglesia procura
no referirse a la figura de la “Madrecita”, sin embargo
todos saben que están allí para venerar a quien fuera
en vi da María del Rosario Quiroga, vidente y curandera
y que, después de muerta, sigue brindando sus favores
a quienes la invocan con fe.
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