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I.
Consideraciones preliminares.
Catamarca
es una provincia rica en diversidad de paisajes y en
evidencias arqueológicas de poblaciones prehispánicas
que han sido objeto de importantes investigaciones desde
fines del siglo pasado. Dentro de éstas, sin embargo,
son pocos los sitios descubiertos de las primeras poblaciones
de cazadores-recolectores. Un alto interés por la arqueología
de los asentamientos agroalfareros en el ámbito valliserrano
-atractiva por la calidad técnica y estética de los
objetos mobiliares y la visibilidad de las estructuras
arquitectónicas- y un bajo interés por estudiar los
procesos que anteceden a dichos asentamientos, por saber
cómo ocurre el poblamiento de los valles y la formación
de las primeras aldeas agrícolas, son dos causas conexas
que explican la falta de información sobre esas poblaciones
en dicho ámbito.
Nuestro
actual conocimiento arqueológico nos muestra a estos
cazadores-recolectores habitando en la Puna catamarqueña,
hace unos 9000 años AP. Excelentes condiciones de visibilidad
y conservación de vestigios arqueológicos han permitido
reconocer en el ámbito puneño numerosos sitios y avanzar
en la investigación de los procesos que marcan los cambios
entre las economías básicamente predadoras y las productoras
de alimentos, que caracterizan lo que aquí designamos
períodos Arcaico y Formativo, respectivamente. Esa investigación
muestra que la Puna ha sido un hábitat importante para
el desarrollo de las economías de caza-recolección y
también que favoreció la existencia de redes primarias
de intercambio y/o de circulación de gente e información;
redes que estaban activas desde comienzos del Holoceno
poniendo en relación una gran variedad de ambientes
y recursos, desde el monte xerófilo y las selvas de
montaña del oriente andino a la costa desértica del
Pacífico.
Pero
hay dos series de hechos que permiten suponer que antes
de esos 9000 años AP, hacia los 12000 y 10000 años AP,
ya existían poblaciones anteriores de cazadores habitando
en el sur de la Puna. Primero: por la existencia de
dataciones más antiguas para sitios de cazadores de
fauna extinta en el centro-sur de la Patagonia argentina
y en zonas centrales de Perú y Chile, en relación a
las cuales la Puna no podría haber sido un área vacía
si consideramos la dirección norte-sur que habría seguido
el poblamiento del área andina. Segundo: por la diversidad
de especies -vegetales y animales- seleccionadas y la
especificidad seguida en la explotación de recursos
naturales locales, en las estrategias de obtención o
en las técnicas de manufactura, de uso y conservación,
que observamos entre los cazadores-recolectores arcaicos;
características que suponen un conocimiento experimentado
del hábitat y presupone una profundidad temporal mayor
de las ocupaciones conocidas para la Puna.
Esta
ocupación temprana también debió existir en otras zonas
propicias para el desplazamiento humano y atractivas
por sus recursos de caza y recolección del ámbito valliserrano;
pero aquí el hallazgo de sus vestigios arqueológicos
dista de ser fácil. Para buscarlos es necesario conocer
no solo los cambios que ha sufrido el paisaje desde
el Pleistoceno final sino también los procesos de erosión
que actuaron sobre él, afectando esos vestigios. Por
eso el descubrimiento de las más tempranas poblaciones
cazadoras valliserranas requiere del avance conjunto
de investigaciones arqueológicas y geoarqueológicas
que ya comienzan a llevarse a cabo en distintas áreas
de la Provincia.
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Algunas
investigaciones anteriores a 1980 merecen nuestra
atención porque han sido recurrentemente citadas
en distintas publicaciones. Nos detendremos brevemente
en ellas para presentar luego la información sobre
la Puna donde se ha producido ese mayor avance
en los estudios del período Arcaico.
En
la zona Valliserrana de Catamarca los vestigios
arqueológicos atribuidos a cazadores-recolectores,
durante los primeros estudios sistemáticos en
la década del '60, se reducen a hallazgos de artefactos
de piedra tallada recogidos en la superficie de
relieves terrazados, en sitios a cielo abierto,
etc. Así recolecciones hechas en el Valle de Santa
María, en el de Hualfín y El Cajón formaron parte
de las denominadas industrias Ampajango y Ayampitín.
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Fig.
1: Principales localidades arqueológicas
mencionadas en el texto
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La
primera, designada con el nombre de la localidad próxima
a Santa María, consiste en una extensa cantera-taller
donde se produjeron artefactos sobre lascas y otros
de adelgazamiento bifacial, entre los que se contaban
distintos tipos de bifaces. De acuerdo a los conocimientos
actuales sobre la tecnología lítica, la gran mayoría
de los artefactos recogidos en Ampajango no eran los
productos finales de una secuencia de producción, sino
productos intermedios que debían estar sujetos a posteriores
procesos de acabado. En el momento de esos primeros
estudios, realizados por E. M. Cigliano y colaboradoras,
la morfología poco elaborada de las piezas y las técnicas
aplicadas - semejantes a piezas del Paleolítico Inferior
de Africa o Europa- llevó a sugerir una antigüedad mayor
a 8000 años. Actualmente sabemos que esto no puede afirmarse
sin otras evidencias y que estos son sitios de aprovisionamiento
que pudieron haber sido utilizados durante mucho tiempo
por distintas poblaciones. Consecuentemente, su asignación
al Arcaico debe basarse en otros tipos de sitios o asentamientos
en los que esas mismas rocas y estrategias de producción
hayan sido utilizadas y con datos cronológicos confiables.
Con
respecto a los artefactos asignados a la industria Ayampitín
-industria que toma su nombre de un sitio del N.O. de
Córdoba- se refería al hallazgo de ciertas formas de
puntas lanceoladas, recogidas en relieves terrazados
del mismo sitio Ampajango y en distintas localidades
del Valle del Hualfín y El Cajón. El caso de que estas
formas sean semejantes a las del sitio Ayampitín y a
las de la Cueva de Intihuasi -ambos en las Sierras Centrales
de nuestro país, donde estas puntas fueron inicialmente
datadas por A. R. González empleando Carbono 14 - no
es garantía de su asignación al Arcaico. Puntas semejantes
ocurren actualmente en contextos cerámicos tempranos,
tanto en el N.O.A. como en el Norte de Chile. Algo semejante
ocurre con otras formas de puntas encontradas en sitios
de superficie al SE de la provincia, tal como las recuperadas
por A. Serrano en El Barrealito.
La
situación que acabamos de reseñar indica que sabemos
poco o nada aún sobre el Arcaico en la zona valliserrana
de Catamarca, pero es también la situación en casi todo
el ámbito valliserrano del Noroeste argentino.
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