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PERIODO ARCAICO: CAZADORES - RECOLECTORES Y PASTORES TEMPRANOS
Por: Carlos A. Aschero
GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE CATAMARCA
Dirección de Patrimonio Cultural
Departamento de Gestión del Patrimonio
Arqueológico y Paleontológico

 

I. Consideraciones preliminares.

Catamarca es una provincia rica en diversidad de paisajes y en evidencias arqueológicas de poblaciones prehispánicas que han sido objeto de importantes investigaciones desde fines del siglo pasado. Dentro de éstas, sin embargo, son pocos los sitios descubiertos de las primeras poblaciones de cazadores-recolectores. Un alto interés por la arqueología de los asentamientos agroalfareros en el ámbito valliserrano -atractiva por la calidad técnica y estética de los objetos mobiliares y la visibilidad de las estructuras arquitectónicas- y un bajo interés por estudiar los procesos que anteceden a dichos asentamientos, por saber cómo ocurre el poblamiento de los valles y la formación de las primeras aldeas agrícolas, son dos causas conexas que explican la falta de información sobre esas poblaciones en dicho ámbito.

Nuestro actual conocimiento arqueológico nos muestra a estos cazadores-recolectores habitando en la Puna catamarqueña, hace unos 9000 años AP. Excelentes condiciones de visibilidad y conservación de vestigios arqueológicos han permitido reconocer en el ámbito puneño numerosos sitios y avanzar en la investigación de los procesos que marcan los cambios entre las economías básicamente predadoras y las productoras de alimentos, que caracterizan lo que aquí designamos períodos Arcaico y Formativo, respectivamente. Esa investigación muestra que la Puna ha sido un hábitat importante para el desarrollo de las economías de caza-recolección y también que favoreció la existencia de redes primarias de intercambio y/o de circulación de gente e información; redes que estaban activas desde comienzos del Holoceno poniendo en relación una gran variedad de ambientes y recursos, desde el monte xerófilo y las selvas de montaña del oriente andino a la costa desértica del Pacífico.

Pero hay dos series de hechos que permiten suponer que antes de esos 9000 años AP, hacia los 12000 y 10000 años AP, ya existían poblaciones anteriores de cazadores habitando en el sur de la Puna. Primero: por la existencia de dataciones más antiguas para sitios de cazadores de fauna extinta en el centro-sur de la Patagonia argentina y en zonas centrales de Perú y Chile, en relación a las cuales la Puna no podría haber sido un área vacía si consideramos la dirección norte-sur que habría seguido el poblamiento del área andina. Segundo: por la diversidad de especies -vegetales y animales- seleccionadas y la especificidad seguida en la explotación de recursos naturales locales, en las estrategias de obtención o en las técnicas de manufactura, de uso y conservación, que observamos entre los cazadores-recolectores arcaicos; características que suponen un conocimiento experimentado del hábitat y presupone una profundidad temporal mayor de las ocupaciones conocidas para la Puna.

Esta ocupación temprana también debió existir en otras zonas propicias para el desplazamiento humano y atractivas por sus recursos de caza y recolección del ámbito valliserrano; pero aquí el hallazgo de sus vestigios arqueológicos dista de ser fácil. Para buscarlos es necesario conocer no solo los cambios que ha sufrido el paisaje desde el Pleistoceno final sino también los procesos de erosión que actuaron sobre él, afectando esos vestigios. Por eso el descubrimiento de las más tempranas poblaciones cazadoras valliserranas requiere del avance conjunto de investigaciones arqueológicas y geoarqueológicas que ya comienzan a llevarse a cabo en distintas áreas de la Provincia.

Algunas investigaciones anteriores a 1980 merecen nuestra atención porque han sido recurrentemente citadas en distintas publicaciones. Nos detendremos brevemente en ellas para presentar luego la información sobre la Puna donde se ha producido ese mayor avance en los estudios del período Arcaico.

En la zona Valliserrana de Catamarca los vestigios arqueológicos atribuidos a cazadores-recolectores, durante los primeros estudios sistemáticos en la década del '60, se reducen a hallazgos de artefactos de piedra tallada recogidos en la superficie de relieves terrazados, en sitios a cielo abierto, etc. Así recolecciones hechas en el Valle de Santa María, en el de Hualfín y El Cajón formaron parte de las denominadas industrias Ampajango y Ayampitín.

Fig. 1: Principales localidades arqueológicas mencionadas en el texto

La primera, designada con el nombre de la localidad próxima a Santa María, consiste en una extensa cantera-taller donde se produjeron artefactos sobre lascas y otros de adelgazamiento bifacial, entre los que se contaban distintos tipos de bifaces. De acuerdo a los conocimientos actuales sobre la tecnología lítica, la gran mayoría de los artefactos recogidos en Ampajango no eran los productos finales de una secuencia de producción, sino productos intermedios que debían estar sujetos a posteriores procesos de acabado. En el momento de esos primeros estudios, realizados por E. M. Cigliano y colaboradoras, la morfología poco elaborada de las piezas y las técnicas aplicadas - semejantes a piezas del Paleolítico Inferior de Africa o Europa- llevó a sugerir una antigüedad mayor a 8000 años. Actualmente sabemos que esto no puede afirmarse sin otras evidencias y que estos son sitios de aprovisionamiento que pudieron haber sido utilizados durante mucho tiempo por distintas poblaciones. Consecuentemente, su asignación al Arcaico debe basarse en otros tipos de sitios o asentamientos en los que esas mismas rocas y estrategias de producción hayan sido utilizadas y con datos cronológicos confiables.

Con respecto a los artefactos asignados a la industria Ayampitín -industria que toma su nombre de un sitio del N.O. de Córdoba- se refería al hallazgo de ciertas formas de puntas lanceoladas, recogidas en relieves terrazados del mismo sitio Ampajango y en distintas localidades del Valle del Hualfín y El Cajón. El caso de que estas formas sean semejantes a las del sitio Ayampitín y a las de la Cueva de Intihuasi -ambos en las Sierras Centrales de nuestro país, donde estas puntas fueron inicialmente datadas por A. R. González empleando Carbono 14 - no es garantía de su asignación al Arcaico. Puntas semejantes ocurren actualmente en contextos cerámicos tempranos, tanto en el N.O.A. como en el Norte de Chile. Algo semejante ocurre con otras formas de puntas encontradas en sitios de superficie al SE de la provincia, tal como las recuperadas por A. Serrano en El Barrealito.

La situación que acabamos de reseñar indica que sabemos poco o nada aún sobre el Arcaico en la zona valliserrana de Catamarca, pero es también la situación en casi todo el ámbito valliserrano del Noroeste argentino.


I. Consideraciones preliminares
II. Cambios ambientales en la Puna
III. El Arcaico en la Puna de Catamarca
Resumen
Bibliografía recomendada
www.catamarcaguia.com.ar
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